Albert Bover: Old Bottle, New Wine. Albert Bover, piano. Satchmo Jazz Records, CD.Si aceptamos como válida la idea que divide a los pianistas de Jazz entre aquellos, los más numerosos sobre todo a partir de Bud Powell, que prefieren tocar el piano como si de un instrumento de viento se tratara, y aquellos otros que tienen una concepción esencialmente pianística del mismo, deberíamos situar a Albert Bover entre los segundos.
De aquí a validar la idea de que un pianista de esas características realice una grabación en solitario hay sólo un paso, y se entiende aún mejor cuando sabemos que Bover ha participado previamente en un buen número de discos en varios de los contextos instrumentales posibles en Jazz y que, de ellos, dos editados a su nombre sean un trío y un dúo, este último en la magnífica compañía del contrabajista Horacio Fumero.
Albert Bover llega a esta grabación en el mejor momento posible y la audición de la misma lo confirma.
Bover se ha sentado al piano y cocinado su música con una calma y relajación olímpicas. Nada audible entre líneas revela algún tipo de tensión del músico en situación de grabar; tampoco se advierte ni la actitud franca ni la mal disimulada idea de convencer a nadie de nada. No estoy, sin embargo, sugiriendo la apatía como eje emocional del discurso musical, o la indolencia abismal de aquel Gérard Gustin que, para ejemplificar, acompaña a Chet Baker, en sus grabaciones parisinas de 1955.
Lo que Bover transmite, por encima de todo, es su propio y profundo placer, y lo hace con calma, sin sonoridades grandilocuentes; tanto es así que en ningún momento la dinámica de su ejecución le pide un fortissimo y rara vez un forte; tampoco se vale de apabullantes demostraciones técnicas pero aquí y allí aparece su personal toque refinado donde la técnica está implícita.
Además de tres temas de su propia cosecha, Bover rinde cumplido homenaje a otros pianistas-compositores: comenzando por la despreocupada alegría de ese Hy-Fly de Weston, al tema de Ellington que permite a Bover sacar a relucir su vena lírica, y al conocido The Peacocks de Jimmy Rowles que elabora por extenso. Queda para el final el plato fuerte en ese hermoso himno a la noche que es ‘Round Midnight de Monk, y frente al cual Bover toma la correcta distancia a fin de reelaborar la nostalgia sin incurrir en lo obvio.
De los tres temas que proponen al Bover compositor, Old Bottle, New Wine, Halle Bop e Improvisazió, no voy a negar el profundo encanto que sugiere el primero de ellos con esa exposición valseada a la que opone una primera parte del desarrollo en staccato.
La dulzona y pegadiza melodía de Lennon y McCartney marca un punto de inflexión en la grabación: la forma con que Bover encara el tema deja a las claras lo que puede hacer un buen músico con una melodía inconsistente.
Turn Around invoca un diseño circular que nunca se hace demasiado evidente porque Bover suaviza la acentuación.
El estándar Autumn Leaves oscila entre la extrema sencillez de la cajita de música y el desarrollo prodigioso de las variaciones al tema en ésta que entiendo debería ser considerada a partir de ahora como nueva versión de referencia.
…Y puesto a elegir, ya que estoy en inmejorable posición para hacerlo, sugiero que Chance, que descubre la delicada pero firme contribución de la mano izquierda de nuestro músico, es el tema más conseguido desde el punto de vista formal y el que, en definitiva, mejor ejemplifica la línea de ese pianismo totalizador que define el estilo.
Nahuel Cerrutti Carol. Publicado en la carpetilla del disco. Lérida, 1999.





